De mis dos grandes ejemplos
by Otháner. Average Reading Time: about 2 minutes.
Los que me conocen de verdad, saben la pasión que pongo en todo lo que hago. Y lo exigente que puedo llegar a ser conmigo mismo.
El mes pasado me encontré con viejos amigos que insistían en preguntarme cuál es mi motor para seguir en pie, adelante y en estas adversas situaciones. La verdad es que en ese momento no supe qué responder.
No es que ahora sepa de dónde viene mi motivación, pero parece que encontré de dónde viene mi temple. Viene de dos personas que han influido en tiempos y formas distintas en mí: mis padres.
Mi madre (Mamá Kasiyas), maestra por profesión y vocación, comerciante en algún momento de su vida, me demostró que era posible llevar adelante ella sola a una familia. Siendo mamá y papá a la vez. Estando varias horas durante el día frente a grupos de clase, otras tantas horas atendiendo un negocio y aún así dejando tiempo para su casa, para su misma madre y para su hijo.
Mamá Kasiyas por problemas en su columna, no tiene coxis (tres cirugías en ese lugar) y tiene problemas en los discos de las vértebras lumbares. Aún así, no tuvo automóvil hasta los 55 años y siempre fue y sigue siendo puntual en sus clases, cargando maletines con casi una decena de libros y útiles. Viajando en transporte urbano y caminando al cargar bolsas llenas de mercancía. Levantando y bajando cortinas de acero para abrir su negocio. Incluso mientras ella, yo y mi abuela vivíamos en la bodega del negocio gracias a la situación económica por la que pasábamos.
Mi padre por otro lado, creció en una familia con muchos hermanos y muy poco dinero. A los siete años comenzó a trabajar para pagarse todos sus gastos. Perdió años de escuela por no tener lo suficiente para la cuota de inscripción. Incluso, al moverse de ciudad en ciudad tuvo que vivir debajo de puentes. Se casó joven y tuvo que mantener a su familia, cursar de noche una carrera en una escuela privada, comenzar una empresa en lo que era bueno y salir adelante. En lo poco (o mucho) que lo conozco jamás lo he visto quejarse. Al contrario, he visto y he sido víctima de su brutal puntualidad (trabajé con él ocho meses). Asiste al trabajo aun estando enfermo, incluso si el diagnóstico fuese dengue. Conoce casi todo el mundo (le falta solo un continente) y disfruta plenamente de su dinero y su trabajo.
Hasta hoy me doy cuenta que ellos son dos ejemplos que pesan mucho, muchísimo en mi vida. Así que cuando me toca caminar largas distancias, no comer o no dormir, prefiero no quejarme.

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